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Parto Respetado

A propósito del Parto Natural y Respetuoso

Fundación Clacyd *

En la primera mitad del siglo XIX, un médico obstetra vienés, el Dr Ignaz Semmelweis,  sospechó (y luego comprobó con  metodología científica) que el aumento desmedido de infecciones graves (la temible “Fiebre puerperal”) y su consecuencia, la muy elevada mortalidad en las parturientas atendidas en su Hospital (a diferencia de lo que sucedía cuando las mujeres se atendían en sus domicilios) se debía, simplemente, al hecho de que los profesionales no se lavaban las manos, contagiando así a las asistidas en el medio hospitalario; a pesar de las evidencias, sus colegas mantuvieron durante largos años con el costo consecuente, su obcecada postura de no aceptar ciertas “novedades”. Dos décadas después, Pasteur demostraría el papel de las bacterias confirmando lo establecido por Semmelweis.-
 
Este es un ejemplo, entre tantos que registra la historia dolorosa de la Medicina, de que ciertas conductas que cuestionan las rutinas y reniegan de los “protocolos”, pueden ser extremadamente beneficiosas si están sustentadas en evidencias científicas  y si quienes están encargados de aplicarlas adoptan inteligentemente  los cambios necesarios que propenden al bienestar de los seres humanos.
 
Estas consideraciones son pertinentes al analizar el caso planteado en La Voz del Interior del 16 del corriente en relación al traslado de la Dra. Celsa Bruenner,  médica obstetra del Hospital Misericordia, a quién se sanciona específicamente por practicar la estrategia de parto natural y respetuoso con las embarazadas a su cargo.  A diferencia de lo que es corriente en el hospital de referencia, la médica separada de la atención directa de sus asistidas, utiliza procedimientos recomendados por Organizaciones Internacionales de Salud,  como el Centro Latinoamericano de Perinatología (CLAP),( www.clap.hc.edu.uy), centro  oficial de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) para investigación de temas perinatales.
 
Abundante bibliografía originada en ese universalmente prestigiado foco académico señala que el parto asistido correctamente supone, en esencia, que no se deben hacer tratamientos para problemas que no existen, ya que el parto y el nacimiento, no son instancias patológicas sino fisiológicas.- Lamentablemente, cuando el equipo técnico carece de conocimientos, destrezas y experiencia para establecer la diferencia entre lo normal y lo anormal, o confunde riesgo (probabilidad de sufrir un daño) con el daño mismo (certeza diagnóstica de anormalidad), la alternativa obligada es tratar a todos del mismo modo, estén o no con problemas. Así es como se sobremedica, se excede el número de intervenciones inútiles y riesgosas, con los efectos colaterales indeseables desestimados por los responsables de estas malas praxis.
 
Con un dejo de exageración, se podría decir que es como si los médicos fueran incapaces de diagnosticar cánceres y se les ocurriera tratar a toda la población con medicamentos oncológicos “por las dudas...”.
 
Por supuesto, algunas muy pocas veces suceden trastornos de variable magnitud durante los trabajos de parto. En esos casos es de buena práctica aplicar  tratamientos que liberen a la parturienta de tales alteraciones, pero, ciertamente, no es sensato (más bien es disparatado) poner en práctica esos procedimientos si las cosas se presentan y evolucionan tal como han sido diseñadas por la naturaleza, lo que ocurre en la inmensa mayoría de los casos.- 
 
Un aspecto destacado de la información originada en el CLAP señala con meridiana claridad que la cesárea, por ejemplo, en tanto intervención quirúrgica, tiene demostrados  riesgos como el de aumentar la mortalidad materna, las infecciones y hemorragias, perturbar la adaptación transicional del recién nacido y retrasar el inicio de su alimentación natural al pecho materno, entre otros. También aumenta las posibilidades de que en embarazos posteriores se repitan las cesáreas, aunque aclara, en contra de lo que se establece habitualmente, que ese antecedente no obliga a repetir la intervención quirúrgica, al punto que sostiene que casi 4 de cada 10 parturientas antes sometidas a la operación, podrían beneficiarse con un parto vaginal normal a condición de que sean evaluadas y controladas adecuadamente.
 
Los investigadores del CLAP advierten el incremento constante de las cesáreas. Sus investigaciones epidemiológicas constataron que  mientras en algunos países desarrollados van disminuyendo porque se fue comprendiendo que genera un problema evitable, en nuestros países, en cambio, aumenta sin causa justificable. En un estudio poblacional de amplia repercusión en su momento, la Fundación Clacyd halló en 1993, que el 13% de los nacimientos en instituciones públicas y el 47% en las privadas se produjeron por cesárea. 15 años más tarde, las propias autoridades de un hospital público y una maternidad universitaria de nuestra ciudad, revelan que entre el 20-25% de los partos reconocen esta práctica. Noticia por demás alarmante como para permanecer resignados e inermes frente a ella. 
 
El parto asistido correctamente involucra naturalmente al recién nacido. La “estrella” indiscutible del parto y el nacimiento, es sometido muy a menudo a procedimientos que no precisa en absoluto, como la introducción de sondas, el cuasi vertiginoso “secuestro” y traslado a incubadoras (buenas para los prematuros pero no para los maduros), o  a “salas de observación” en vez de estar desde el primer momento y en todo momento, junto a su madre (el primero, más completo y más importante apoyo para quien, justamente, está atravesando una transición nada fácil, más bien compleja y delicada) y hasta la administración obligada de  biberones con leche de vaca en vez de la leche de su madre (considerada como “la primera vacuna”).-
 
Se trata en fin, de recrear el maravilloso milagro del nacimiento en un clima de sosiego, calma y tranquilidad, para que las madres y sus familias disfruten del goce inefable de “re-encontrarse”  con sus hijos.
 
Se propone usar menos procedimiento técnicos (sólo si hacen falta para solucionar trastornos genuinos),  más evidencias científicas, más sensibilidad por el otro, respetando sus tiempos, conociendo sus necesidades,  procurando una auténtica asistencia para completar con plena felicidad un acontecimiento de tanta significación en la vida de las familias, y muy especialmente evitar procedimientos  peligrosos, costosos, dolorosos e innecesarios, que provienen de aplicar con sumisión casi religiosa a tecnologías inapropiadas derivadas de un acatamiento sumiso a la hipermedicalización que campea en nuestras instituciones de salud. Los actores son la madre y el niño; los profesionales deben ser facilitadores, cuidadores respetuosos y silenciosos de este proceso prodigioso que es la generación de una nueva vida, ofrenda maravillosa que se renueva interminablemente a lo largo de generaciones.
 
 
* Fundación Clacyd: Fundación dedicada al estudio e intervención en el proceso de desarrollo integral infantil.
Hospital Pediátrico, Castro Barros 650 - Córdoba - Tel.: 0351-4740299.
fundacion@clacyd.org.ar 

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